La vigilancia en el muro fronterizo ya no se limita a tierra firme. En una reciente publicación, la Embajada de Estados Unidos mostró cómo el Río Bravo se ha integrado a las estrategias de control migratorio con la instalación de barreras flotantes visibles y patrullajes permanentes. Estas acciones buscan frenar los cruces irregulares que continúan por rutas acuáticas.
El video difundido en 2025 deja un mensaje contundente: “Cada milla de la frontera está reforzada para detener cruces ilegales entre puertos de entrada. Regresa. No pongas tu vida en riesgo”. Además de las boyas flotantes, las autoridades remarcan la presencia constante de agentes y equipos de vigilancia, incluso en los tramos más difíciles de acceder.
Riesgo creciente y disuasión activa
El muro fronterizo adquiere ahora una dimensión acuática que pone en alerta a la comunidad migrante. Las corrientes del río, las altas temperaturas y los nuevos obstáculos hacen del cruce una opción aún más peligrosa.
Algunas organizaciones defensoras de derechos humanos han advertido que estas medidas podrían empujar a las personas a buscar rutas aún más riesgosas. Mientras tanto, el gobierno estadounidense insiste en que cualquier intento de ingreso irregular resultará en detención y deportación.
Un informe de la Patrulla Fronteriza, publicado en septiembre de 2025, indica que desde la instalación de las boyas, los intentos de cruce por agua han caído en casi una cuarta parte.
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