Bad Bunny celebra la cultura latina en el Super Bowl
Bad Bunny convirtió el medio tiempo del Super Bowl en una celebración cultural con identidad propia. Durante poco más de 13 minutos, el artista puertorriqueño ofreció un espectáculo que combinó música, símbolos y mensajes personales sin abandonar el español ni suavizar sus raíces.
El show incluyó apariciones sorpresivas de Lady Gaga y Ricky Martin, además de cameos de figuras como Pedro Pascal, Cardi B y Karol G. La escenografía evocó espacios cotidianos del Caribe y América Latina, con referencias visuales que conectaron directamente con la historia y la cultura puertorriqueña.
Desde el inicio, Bad Bunny dejó claro que su presentación no buscaba la confrontación directa, sino la afirmación cultural. Aunque existían expectativas sobre posibles mensajes contra el gobierno de Donald Trump y sus políticas migratorias, el artista optó por un tono de unidad, celebración y orgullo latino.
Uno de los momentos centrales del espectáculo llegó cuando Bad Bunny habló de sí mismo en primera persona. Recordó que su llegada al Super Bowl fue posible porque nunca dejó de creer en su camino, un mensaje que conectó con su historia personal, desde sus inicios trabajando en un supermercado hasta convertirse en uno de los artistas más escuchados del mundo.
La escenografía reforzó esa narrativa. Elementos como la barbería, las partidas de dominó, los salones de uñas y la “casita” rosada resaltaron el valor de lo cotidiano como parte esencial de la identidad cultural. No se trató de nostalgia decorativa, sino de una reivindicación clara de origen y pertenencia.
La carga social apareció con fuerza durante la interpretación de “El apagón”, cuando Bad Bunny aludió a los constantes cortes de energía en Puerto Rico. Subido a un poste de luz, recordó las consecuencias del deterioro del sistema eléctrico tras el huracán María, integrando la crítica dentro del relato visual del show.
En la recta final, Bad Bunny pronunció la frase “Dios bendiga a América” y luego enumeró países y territorios del continente, acompañado por un desfile de banderas. El gesto reforzó su mensaje de que América es diversa y colectiva, no una sola nación.
Salvo esa breve frase, toda la presentación se desarrolló en español. La decisión funcionó como un acto de afirmación cultural en uno de los escenarios más vistos del mundo, sin traducciones ni concesiones.
Tras el espectáculo, Donald Trump calificó la actuación como “una de las peores de la historia”. Sin embargo, la respuesta del público y el impacto cultural del show dejaron claro que Bad Bunny no buscó aprobación política, sino representar a una comunidad que rara vez ocupa el centro de ese escenario.
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