La vida cotidiana en Estados Unidos muestra un nuevo síntoma de tensión social: la caída abrupta de la matrícula inmigrante en escuelas de distintas ciudades. Este movimiento, visible desde Florida hasta California, refleja un ambiente marcado por operativos, deportaciones y familias que optan por abandonar el país ante un clima de persecución.
Los distritos escolares reportan menos estudiantes recién llegados y, al mismo tiempo, más familias que retiran a sus hijos para regresar a sus países. Además, administradores reconocen que el impacto económico golpea sus presupuestos, lo que complica la operación de programas diseñados para apoyar a estudiantes vulnerables.
Matrícula inmigrante en descenso
En Miami-Dade, la entrada de casi 2,550 alumnos de otros países contrasta con los 14,000 del ciclo previo. Ese desplome borró cerca de 70 millones de dólares del presupuesto escolar. También, en Alabama, escuelas con fuerte presencia latina dejaron de recibir estudiantes en sus academias para recién llegados, lo que obligó a proyectar recortes de personal docente.
Directores y maestros coinciden en que el cierre parcial de la frontera y los operativos de detención han cambiado por completo el flujo de familias. En consecuencia, muchos estudiantes se “autodeportan” junto a sus padres, dejando atrás amistades, rutinas y proyectos escolares.
Matrícula también cae en California
Por otro lado, en ciudades como San Diego, escuelas acostumbradas a recibir a menores que atravesaron rutas complejas no han inscrito a un solo recién llegado este año. El vacío se nota en salones donde antes convergían acentos y ritmos culturales diversos.
Educadores advierten que esta ausencia afecta habilidades sociales clave. La convivencia entre estudiantes nacidos en el país y compañeros provenientes de Latinoamérica había fortalecido experiencias de empatía y adaptación. Asimismo, familias que permanecen en California confiesan miedo, vigilancia constante y limitaciones en su vida diaria ante el temor de ser detectadas.
El fenómeno se refleja en distritos como Chelsea, Massachusetts, donde 152 estudiantes nuevos llegaron este verano, frente a los 592 del año pasado, y más de 800 alumnos han dejado el sistema desde enero.