Una enfermedad que en muchos países puede tratarse con éxito, en México aún representa un camino incierto para miles de familias. Durante el primer semestre de 2025, los tumores malignos se colocaron como la tercera causa de muerte en el país, con 23 mil 678 decesos registrados. Las tasas más altas de mortalidad se observaron en la Ciudad de México, Estado de México y Jalisco, de acuerdo con el INEGI.
El cáncer, causado por mutaciones celulares que derivan en un crecimiento incontrolado, puede diseminarse a través del sistema linfático y la sangre, afectando diversos órganos. La Organización Mundial de la Salud estima que en México se reportan más de 207 mil nuevos casos anualmente, con más de 96 mil muertes. Estas cifras exponen una realidad alarmante: la necesidad de diagnóstico oportuno y de acceso a terapias innovadoras es apremiante.
Brechas de acceso agravan impacto del cáncer en la población mexicana
Sin embargo, el acceso desigual sigue marcando el destino de los pacientes. En América Latina, pueden pasar entre tres y cinco años para que un medicamento aprobado esté disponible para los pacientes, lo que reduce el impacto real de los avances médicos. Además, solo 16 países de la región cuentan con Planes Nacionales de Control del Cáncer activos, y menos de la mitad los han integrado efectivamente a sus sistemas de salud.
El cáncer no debe verse como una sentencia inevitable. Expertos como el doctor Francisco Olguín, de Pfizer México, afirman que con modelos de atención integrales y diagnósticos oportunos es posible mejorar la sobrevida. Pero sin recursos, indicadores claros y voluntad política, los planes quedan solo en papel.
Hoy, una de cada cinco personas recibirá un diagnóstico de cáncer en su vida. Ese dato refuerza la urgencia de cerrar brechas estructurales y transformar el enfoque hacia una atención verdaderamente equitativa y humana.