La música de mariachi no se escucha, se siente. Retumba en el pecho, enciende la nostalgia y reafirma la identidad de millones de mexicanos dentro y fuera del país. En San Diego, donde la comunidad hispana representa más del 30% de la población, el Día del Mariachi se convierte en una manifestación viva de herencia, arraigo y resistencia cultural.
Cada 21 de enero se honra a este género declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Lo que comenzó como expresión popular en Jalisco, hoy es símbolo nacional que ha conquistado teatros, plazas y hasta escenarios internacionales. Pero más allá de su valor artístico, el mariachi representa la capacidad de una cultura para mantenerse firme, incluso en contextos de migración, transformación social y tensiones identitarias.
Día del Mariachi y su impacto en nuevas generaciones
En espacios comunitarios de San Diego como Chicano Park o el Centro Cultural de la Raza, el mariachi no es solo un espectáculo: es herramienta pedagógica y vehículo de orgullo. Jóvenes de segunda o tercera generación aprenden a tocar el violín o la vihuela no solo por música, sino por pertenencia. Es un acto de reafirmación frente al olvido.
Además, el mariachi ha demostrado su valor económico. Tan solo en California, los festivales y contrataciones de agrupaciones generan ingresos constantes, impulsando negocios familiares y microempresas culturales. En un entorno donde la economía creativa crece a doble dígito desde 2023, este tipo de expresiones aportan dinamismo sin perder raíces.