La música volvió a cruzarse con la realidad social en Estados Unidos durante una de las noches más visibles de la industria. Billie Eilish recibió el Grammy a mejor canción del año por WILDFLOWER y convirtió el momento en un mensaje político directo, imposible de ignorar.
La artista californiana subió al escenario en Los Ángeles junto a su hermano Finneas O’Connell, coautor del tema, para agradecer un premio que distingue composición y letra. Desde ahí, el discurso tomó otro rumbo y conectó con un clima nacional marcado por tensión migratoria y protestas recientes.
Billie Eilish transforma el Grammy en un acto político
Lejos de un mensaje ensayado, Billie Eilish habló con crudeza sobre el papel de las voces públicas frente a la injusticia. Cuestionó al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE, en medio de operativos migratorios que han generado indignación en varias ciudades del país.
Además, la cantante llamó a no normalizar la violencia institucional y defendió el derecho a protestar. El mensaje resonó con fuerza entre una audiencia global y reavivó el debate sobre el activismo desde la cultura pop. Su postura no fue aislada, ya que en semanas recientes había mostrado símbolos críticos contra ICE en apariciones públicas.
Consolida su impacto cultural con WILDFLOWER
El triunfo de WILDFLOWER sorprendió en una categoría donde competían artistas como Bad Bunny y Kendrick Lamar. También colocó nuevamente a los hermanos Eilish en el centro de la conversación musical, con un tema que aún compite por grabación del año.
Por otro lado, la reacción en redes sociales confirmó el alcance del momento. Miles de mensajes destacaron la coherencia entre la obra artística y la postura pública de la cantante.
La gala cerró con un dato que dimensiona el impacto del premio. WILDFLOWER superó los mil millones de reproducciones globales antes de la ceremonia, consolidándose como una de las canciones más influyentes del último año.