Fósil de 324 millones de años estudiado en el Museo de Historia Natural de San Diego.
Un antiguo fósil explica cómo los insectos llegaron a tierra

Un antiguo fósil explica cómo los insectos llegaron a tierra

Un fósil de 324 millones de años conservado durante décadas en el Museo de Historia Natural de San Diego podría ayudar a explicar cómo los primeros insectos pasaron del agua a la tierra. El ejemplar había sido clasificado originalmente como un antiguo crustáceo.

La pieza llegó al museo desde el oeste de Texas en 1985 y permaneció almacenada durante aproximadamente cuatro décadas. Su importancia comenzó a reconocerse cuando Erik Tihelka, investigador de la Universidad de Cambridge, observó una ilustración del fósil en un libro de paleontología.

Tihelka sospechó que el animal no era únicamente un crustáceo y viajó a San Diego para examinarlo. Con ayuda de un microscopio y luz polarizada, identificó características relacionadas con los insectos, como antenas delgadas, un cuerpo dividido en tres secciones y seis patas adaptadas para caminar.

Una criatura entre el agua y la tierra

El fósil también presenta 18 apéndices adicionales, anchos y planos, que probablemente funcionaban como pequeñas paletas para desplazarse en el agua. Esta combinación de características acuáticas y terrestres podría representar una etapa intermedia dentro de la evolución de los insectos.

Los investigadores nombraron a la especie Chosha praecursor, una expresión vinculada con la lengua navajo o diné que puede entenderse como “predecesor de los insectos”. Su antigüedad la coloca entre los fósiles de insectos más antiguos conocidos.

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Una pieza clave para completar la historia

El descubrimiento resulta relevante porque existe un vacío en el registro fósil de los animales de seis patas entre aproximadamente 385 y 322 millones de años. Chosha praecursor se encuentra dentro de ese periodo y ofrece pistas sobre los cambios físicos que permitieron a ciertas especies abandonar el agua.

El hallazgo también demuestra la importancia de conservar y revisar las colecciones científicas. El Museo de Historia Natural de San Diego resguarda más de un millón y medio de ejemplares, algunos de los cuales podrían contener información todavía desconocida sobre la evolución de la vida.

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