La Copa Mundial 2026 quedó envuelta en una fuerte polémica después de que Trump confirmara que solicitó a la FIFA revisar la suspensión del delantero estadounidense Folarin Balogun, expulsado durante el partido contra Bosnia y Herzegovina. La petición derivó en una decisión inédita del organismo rector del futbol, que suspendió temporalmente la sanción automática del atacante.
La medida generó críticas de federaciones, entrenadores y dirigentes, quienes cuestionaron el impacto que una intervención política podría tener sobre la independencia de las decisiones deportivas.
Trump confirmó que pidió a la FIFA revisar la sanción
El presidente de Estados Unidos reveló el 6 de julio, desde la Casa Blanca, que pidió a la FIFA reconsiderar la tarjeta roja mostrada a Balogun porque, a su juicio, “no creía que fuera tarjeta”.
Poco después, la FIFA anunció que suspendía durante un año la aplicación automática de la sanción disciplinaria del delantero. Para justificar la medida, el organismo recurrió al artículo 27 de su reglamento, el cual permite suspender total o parcialmente una medida disciplinaria en circunstancias determinadas.
Además, la resolución se dio a conocer apenas 48 horas antes del partido entre Estados Unidos y Bélgica. Tras hacerse oficial la decisión, Trump publicó un mensaje en Truth Social en el que agradeció a la FIFA por “hacer lo correcto y revertir una gran injusticia”.
La decisión provocó críticas dentro del futbol internacional
La Real Federación Belga de Futbol expresó su desacuerdo mediante un comunicado oficial y anunció que buscaría impugnar la resolución. Asimismo, el seleccionador belga, Rudi García, ironizó sobre la decisión durante su conferencia de prensa previa al encuentro.
Por otra parte, Mauricio Pochettino aseguró que su selección tampoco resultó beneficiada por la controversia, al recordar que Estados Unidos disputó buena parte del partido anterior con un jugador menos tras la expulsión de Balogun.
Entretanto, la UEFA calificó la medida como una línea que no debía cruzarse. En la misma dirección, la Federación Alemana de Futbol solicitó una explicación inmediata para despejar cualquier duda sobre una posible injerencia política en las decisiones disciplinarias de la FIFA.
La controversia también abrió el debate sobre futuros recursos. Diversos medios señalaron que otras federaciones analizan impugnar tarjetas amarillas o rojas recibidas durante el torneo, lo que podría multiplicar las apelaciones si este criterio se mantiene.
Hasta ahora, la FIFA sostiene que actuó conforme a su reglamento. Sin embargo, el caso ha intensificado el escrutinio sobre la relación entre Gianni Infantino y Trump, así como sobre la independencia de los procesos disciplinarios durante la Copa del Mundo.